Disponemos de los métodos más avanzados para la realización de análisis clínicos.
Un análisis de sangre es una prueba (exploración complementaria) que resulta de gran utilidad para el diagnóstico de las diferentes enfermedades.
Aunque pueda resultar curioso, la sangre es un tejido como la piel o la superficie del estómago, sólo que tiene la característica peculiar de ser líquido. Tiene, como los demás tejidos, un conjunto de células, agua y gran cantidad de sustancias disueltas en diferentes proporciones.
El hecho de que sea tan fácil de obtener y que la pérdida de las pequeñas cantidades requeridas para hacer los análisis se reponga automáticamente con tanta facilidad, hacen de ella la parte de nuestro cuerpo más adecuada para conocer la composición del organismo.
El análisis de sangre se divide en una serie de pruebas: hemograma, coagulación, bioquímica y gasometría. En algunos casos especiales se realizan también otras pruebas (sobrecarga oral de glucosa) en embarazadas, absorción de D-xilosa para el estudio de la malaabsorcion, citometría de flujo, etc.).
Se hace en el laboratorio. Simplemente necesitamos una silla para sentarnos y una camilla para apoyar el brazo. La gente que se marea, es mejor acostarla en una camilla.
Habitualmente se obtiene una muestra de sangre extraída de una vena del brazo. Como la sangre que circula por las venas va en dirección al corazón, se pone un torniquete que impide su paso, con lo que las venas que quedan por debajo se hinchan y es más fácil introducir en ellas una aguja.
Para algunas pruebas especiales, se obtiene la sangre de una arteria en vez de una vena, por ejemplo en una muñeca.
Para evitar que alguien se pueda confundir y haya que repetir la extracción, se suele pedir rutinariamente a los pacientes que acudan en ayunas a hacerse el análisis. Sin embargo no se sorprenda si algún día acude a urgencias y le hacen un análisis sin tener en cuenta cuánto tiempo ha pasado desde que comió: para el hemograma la gasometría y la coagulación, por ejemplo, no influye.
No es una prueba dolorosa pero mucha gente se marea cuando le sacan sangre. Es una reacción psicológica que tiene que ver con la impresión de ver la sangre, el olor característico del lugar, el calor que suele hacer, ver marearse a otras personas, etc.
A veces se producen moratones por que conseguir introducir la aguja justo dentro de la vena no es fácil y la vena se rompe o la aguja la atraviesa. En ese caso sale algo de sangre y se acumula en los tejidos circundantes, produciendo un hematoma. Ocurre principalmente en personas que tienen las venas muy finas o en las que se han realizado muchos análisis de sangre. También ocurre cuando después de una extracción no se presiona sobre el lugar de punción y la sangre sale por donde ha entrado la aguja.
Una muestra de sangre se consigue extraer en muy poco tiempo. A veces nos encontramos con pacientes que tienes las venas que apenas se ven o bien son muy finas, motivo por el cual se tarda mas en sacar una muestra.
Si las pruebas que nos queremos hacer no son complicadas, normalmente el resultado lo tiene antes de 24 horas.
Después de la extracción uno se puede marchar tranquilo para su casa.
A veces observamos con horror la cantidad de tubos que llenan con nuestra sangre: ¡pero oiga, que me va dejar seco! No hay por qué preocuparse: La cantidad que se extrae no es suficiente como para producir una disminución significativa del volumen de sangre del organismo. Así como al hacer una donación de sangre se aconseja beber una cantidad importante de líquidos en las horas posteriores, en los análisis de sangre esto no es necesario: mientras que en una donación se extraen unos 450 centímetros cúbicos, es extremadamente raro que se extraigan más de 50 en un análisis.