Especialidad médica que se ocupa del estudio de las enfermedades del sistema nervioso, tanto central como periférico.
El dolor de cabeza es probablemente el tipo de dolor más frecuente. Se calcula que un 90% de los varones y un 95% de las mujeres sufren en alguna ocasión dolor de cabeza, también denominado cefalea, a lo largo del año. La causa de que el dolor afecte con tanta frecuencia en la cabeza es debido a que las estructuras que la forman (piel, músculos, vasos sanguíneos, huesos, nervios, ojos, cavidad nasal, senos paranasales, dientes y boca) son más sensibles al dolor que otras partes del cuerpo. Esta gran sensibilidad tiene como función proteger al cerebro y las estructuras faciales de las enfermedades, puesto que si se dañan aparecerá dolor intenso de forma inmediata. Aunque la mayoría de las personas tienen la impresión de que las molestias se originan en el cerebro, el tejido cerebral carece de receptores del dolor y por tanto el cerebro no duele.
La migraña es el tipo de dolor de cabeza mejor estudiado, afecta aproximadamente al 12% de la población general, es mucho más frecuente en mujeres (alcanzando una incidencia del 18%), y ocurre sobre todo entre los 20-50 años, es decir la etapa más productiva desde el punto de vista laboral. La cefalea tiene un gran coste personal, puesto que las crisis de dolor o la preocupación que genera su posible aparición, condiciona las relaciones sociales y familiares (obligándoles a cancelar sus vacaciones o reuniones) y disminuye la calidad de vida de los que la padecen. Los pacientes estiman que su calidad de vida se reduce hasta un 50% como consecuencia de los dolores de cabeza.
El coste económico de la cefalea es enorme. En España se calcula que unos 3,5 millones de personas sufren de forma habitual cefaleas, que causan la pérdida de 13 millones de jornadas laborales, lo que supone un coste aproximado de casi 1.000 millones de euros anuales.
Aunque un 9% de las personas adultas acuden anualmente a su médico por cefalea, lo que la convierte en uno de los motivos de consulta más frecuentes en atención primaria y en consultas de Neurología, estas cifras deberían ser aún mayores si consideramos que hasta un 30% de las personas con cefalea nunca consultan por este motivo. Muchos pacientes consideran que sus dolores de cabeza no tienen solución y por ello no acuden al médico. Sin embargo en una gran mayoría de los pacientes su calidad de vida mejorará notablemente con los tratamientos actuales.
Existen más de 300 tipos de cefalea, que pueden dividirse en cefaleas primarias y secundarias. Las cefaleas primarias (como la migraña, cefalea tensional, cefalea en racimos, neuralgia trigeminal) son las más frecuentes y no están causadas por lesiones en el organismo. Las cefaleas secundarias se producen como consecuencia de enfermedades que afectan al cerebro (tumores, meningitis, hemorragias, etc) y representan una pequeña proporción (5%) de todos los dolores de cabeza.
El primer paso para poder ayudar a los pacientes con dolores de cabeza es determinar cuál es la causa del dolor, es decir el diagnóstico. Sin un adecuado diagnóstico no se puede decidir cuál es la estrategia de tratamiento más adecuada para cada paciente. La entrevista clínica con el neurólogo es fundamental para determinar el tipo de cefalea que sufre el paciente.
La migraña (también conocida como jaqueca) es un trastorno muy frecuente que afecta aproximadamente a un 12% de la población. Esta dolencia es tres veces más frecuente en las mujeres que en los varones, comienza generalmente durante la adolescencia, y afecta especialmente a personas entre los 25 y 55 años. Se caracteriza por dolores que afectan a la mitad de la cabeza, muy intensos y que pueden durar varios días. Habitualmente el dolor se describe como un latido o pulsación ("como si el corazón estuviera dentro de la cabeza") y pueden acompañarse de nauseas, vómitos e hipersensibilidad a la luz, el ruido o los olores. Se distinguen dos tipos fundamentales: migraña con aura (20% de las migrañas) y migraña sin aura (80%). El aura se caracteriza por una serie de síntomas que se originan en el cerebro, duran entre unos pocos minutos y una hora y generalmente preceden a la crisis de dolor. Los síntomas de aura más frecuentes (en más del 90% de los casos) son trastornos visuales como visión borrosa, y luces o líneas brillantes en el campo visual.
La cefalea tensional es el tipo de cefalea más frecuente, por encima de la migraña y se relaciona de forma muy clara con el estrés. Se caracteriza por dolores de cabeza de intensidad mucho menor que en la migraña, de horas o días de duración, que suelen afectar a toda la cabeza, y que se describen generalmente como una sensación opresiva constante ("como un casco"). Pueden acompañarse en algunos casos de nauseas y de una ligera hipersensibilidad a la luz o el ruido. Al igual que ocurre con la migraña es más frecuente en las mujeres, comienza generalmente en la edad adulta y aparece entre los 30-40 años.
No hay generalmente antecedentes familiares, y la causa del dolor se atribuye es la contractura de los músculos facial y cervicales inducida por el estrés o ansiedad.
El término cefalea crónica diaria hace referencia a todos aquellos tipos de dolor de cabeza que aparecen practicamente a diario, es decir más de 15 días al mes La mayoría de las personas con cefalea crónica diaria padecían previamente dolores de cabeza que ocasionaban crisis ocasionales de dolor (migraña o cefalea tensional) y que se han ido haciendo cada vez más frecuentes hasta convertirse en diarias. Es decir dentro del concepto de cefalea crónica diaria se incluye la migraña crónica, la cefalea de tensión crónica, la cefalea por abuso de analgésicos y la hemicránea continua (esta última un tipo de cefalea muy raro). Entre los factores de riesgo para desarrollar una cefalea crónica diaria se han identificado la obesidad, artritis crónica, pacientes roncadores, el uso crónico de analgésicos, y el estrés. La cefalea crónica diaria se produce en una gran proporción de casos como consecuencia del abuso de medicación analgésica. La experiencia ha demostrado que el uso prolongado de analgésicos provoca, en algunos pacientes predispuestos, dolor de cabeza diario. El tratamiento de la cefalea por abuso de analgésicos consiste en la retirada de la medicación analgésica. La supresión de los analgésicos puede provocar cefaleas de gran intensidad, náuseas y vómito y trastornos de sueño que mejoran en pocos días. Con frecuencia la deshabituación de analgésicos debe realizarse en régimen de ingreso hospitalario.
La cefalea en racimo es un tipo de dolor de cabeza infrecuente que se caracteriza por episodios de cefalea de gran intensidad, duración corta (menos de 3 horas) y con unos síntomas acompañantes característicos (ojo rojo, lagrimeo, salida de líquido por la nariz, caída del parpado). La cefalea en racimos aparece en crisis durante 4-8 semanas al año (preferentemente en primavera y otoño), mejorando posteriormente. Existe una forma de cefalea en racimos en la que el dolor se mantiene de forma ininterrumpida durante casi todo el año, denominada cefalea en racimos crónica, que ocurre en aproximadamente un 10% de los casos.
• ¿Por qué ocurre la cefalea en acúmulos?
En este tipo de cefalea se considera que el generador del dolor está a nivel del hipotálamo, una pequeña parte del cerebro responsable de los ritmos de sueño-vigilia y de la liberación de diferentes hormonas. Además, al igual que en la migraña, la dilatación e inflamación de los vasos sanguíneos está implicada en el dolor y sus acompañantes (lagrimeo, enrojecimiento del ojo, caída del párpado, etc). De hecho los fármacos utilizados para el tratamiento de la migraña (triptanes y ergóticos) también alivian el dolor de la cefalea en racimos.
Este tipo de cefalea puede tener carácter hereditario, pero con mucha menos frecuencia que la migraña.
• ¿Cómo se desencadenan las crisis de cefalea en acúmulos?
Las crisis de cefalea en racimos puede desencadenarse por el consumo de alcohol y tabaco, la exposición a altas temperaturas o los esfuerzos físicos, pero solo durante las épocas de dolor o acúmulos.
Habitualmente el dolor tiene un ritmo horario (aparece siempre a horas fijas), con crisis nocturnas en la mitad de los casos, y que obligan al paciente a moverse porque el reposo en cama se hace insoportable.
• ¿Cómo se trata la cefalea en acúmulos?
El tratamiento tiene como finalidad aliviar el intenso dolor de los ataques mediante tratamiento sintomático y acortar la duración del racimo con tratamiento preventivo. Es recomendable no consumir alcohol, fumar y deben evitarse las siestas, puesto que pueden favorecer la aparición de una crisis de dolor.
• Tratamiento para los ataques
El oxigeno es una de las medidas de tratamiento más eficaz para los ataques, y se utiliza con frecuencia en el Servicio de urgencias. Debe utilizarse oxigeno inhalado a mas de 9 litros por minuto para que sea efectivo. Para ello se necesita un regulador de alto flujo puesto que los reguladores normales administran el oxigeno a 2-4 litros por minuto. Generalmente se recomienda utilizar el oxigeno a más de 12 litros por minuto durante las crisis (entre 12-15 litros por minuto). La mascarilla es otro elemento de gran importancia para el tratamiento de la cefalea en racimos. Las mascarillas utilizadas habitualmente para administrar oxigeno tienen una serie de agujeros a ambos lados que deben ser tapados, para incrementar la eficacia de este tratamiento. Aunque el tiempo necesario para que el oxígeno sea efectivo es variable, en general se recomienda administrarlo durante unos 10-15 minutos. No debe utilizarse oxigeno durante mas de 20 minutos. En el caso de la cefalea en racimos con crisis nocturnas hay que ser muy cuidadoso para no quedarse dormido con el oxigeno puesto. Además, el oxigeno es un material inflamable y no se puede fumar, encender un mechero, etc, en la proximidad del cilindro
Para tratar las crisis de dolor pueden utilizarse también ergóticos y triptanes. Entre todos los triptanes el más utilizado es el sumatriptan en inyección subcutánea o los preparados inhalados (sumatriptán, zolmitriptán) porque son los que actúan más rápido.
• Tratamiento preventivo de la cefalea en racimos
La cefalea en racimos se trata siempre con tratamiento preventivo además de utilizar fármacos para el dolor. El tratamiento preventivo se toma a diario hasta que el paciente pase al menos 2 semanas libre de dolor. Pueden utilizarse farmacos antihipertensivos (verapamilo), corticoides, antiepilépticos (topiramato y gabapentina fundamentalmente) y otros fármacos como el carbonato de litio. Al igual que en otros subtipos de cefalea, el tratamiento preventivo debe ser seleccionado por el médico dependiendo de las características del dolor, los efectos secundarios y las preferencias de cada paciente.
En ocasiones, cuando la cefalea no responde a tratamiento médico, y preferentemente en aquellos pacientes en los que el dolor afecte al mismo lado de la cabeza, puede plantearse la realización de infiltraciones locales o tratamiento quirúrgico.
La neuralgia trigeminal afecta anualmente a cuatro de cada 100.000 personas y se caracteriza por dolores faciales de breve duración, enorme intensidad y que se describen como una como una descarga eléctrica que se desencadenan al comer o tocarse la cara. Es más frecuente en mujeres y comienza después de los 40 años en la mayoría de los casos.
El tratamiento se realiza mediante antiepilépticos como la carbamacepina, o gabapentina. En general el tratamiento se mantiene hasta que el paciente permanece varios meses asintomático, momento en que puede reducirse la dosis de fármaco de forma lenta hasta su total supresión. Cuando no hay respuesta al tratamiento con fármacos o aparecen efectos secundarios, es necesaria la cirugía.
Los dolores de cabeza son muy frecuentes en los niños. A la edad de 15 años un 75% de los niños ha sufrido una cefalea en alguna ocasión, siendo las más frecuentes las cefaleas tensionales. El diagnóstico de la cefalea se obtiene a través de la entrevista en el niño, y es esencial también la información obtenida de padres, hermanos y cuidadores. Es de gran utilidad conocer si existen otros familiares con dolor de cabeza y la repercusión del dolor sobre las actividades escolares del niño.
El tratamiento, al igual que en los adultos, está basado en evitar los desencadenantes, medicación para el dolor y cuando sea necesario fármacos con acción preventiva. El ayuno prolongado, algunos alimentos y la falta de descanso nocturno son los desencadenantes más frecuentes de dolor de cabeza en los niños.
Debe evitarse administrar fármacos e intentar que duerma, lo que mejora el dolor en la mayoría de los niños. Cuando sea necesario medicación esta debe ser prescrita por el pediatra o neurólogo. Las medicaciones más útiles para el dolor son el paracetamol y el ibuprofeno, combinados con metoclopramida cuando hay vómitos intensos. En general, no deben utilizarse aspirinas antes de los 15 años de edad y tampoco ergóticos. El uso de triptanes es controvertido, puesto que la experiencia en niños es limitada. Se podrían utilizar también en casos seleccionados tratamiento preventivo, al igual que en los adultos.
En ocasiones, y como también ocurre en los adultos es útil la valoración por un psiquiatra cuando se observe ansiedad, estrés o síntomas depresivos.
En la infancia debe considerarse siempre que el dolor se deba a una sinusitis, incluso aunque no duelan los senos paranasales a la presión o no exista mucosidad excesiva.
Al igual que en los adultos es fundamental no abusar de la medicación para el dolor por el riesgo de cefalea por abuso de medicación, además de para evitar los efectos secundarios de los analgésicos.
Ante una persona mayor de 50 años que comienza con dolor de cabeza es necesario descartar causas secundarias de la cefalea. Es recomendable realizar una tomografía computerizada (TAC) o resonancia magnética cerebral para confirmar que el dolor no se debe a un tumor o una hemorragia cerebral, y también debe realizarse una determinación sanguínea de velocidad de sedimentación globular (VSG) para descartar una enfermedad denominada arteritis de la arteria temporal.
La cefalea es una secuela frecuente entre las personas que han sufrido un golpe sobre la cabeza, incluso traumatismos leves pueden causar una cefalea postraumática. El dolor aparece pocos días después del golpe y se parece mucho a la cefalea tensional. En ocasiones los traumatismos craneales pueden actuar como factor desencadenante de una migraña. Con frecuencia se realizan exploraciones para estar seguros que el dolor no se debe a lesiones en el sistema nervioso (hemorragias por ejemplo), y los fármacos más utilizados son los antiinflamatorios para el dolor y como fármaco preventivo los antidepresivos.